No sé si me decepciona ver que he cambiado o que eso me ha dado más fuerzas para ser más fuerte y lograr cerrarme a todo aquello que me hace daño. Y sí, sé que si no hay dolor, no hay felicidad, pero ante todo hay que hallar motivos para intentar ser feliz a pesar del dolor.
Nadie, absolutamente nadie, sabe todo mi pasado, todos mis tormentos. Nadie sabe que yo en noches como esta, también echo de menos que alguien me saque una sonrisa tonta, nadie sabe que grito en silencio y que tan solo mis cuatro paredes son testigos de esos llantos. Nadie pregunta por mi pasado, por mi historia, por mis miedos y mis alegrías, por mis llantos y mis tristeza o simplemente nadie quiere ver a través del físico. Y sí, ser china no es una ventaja a la hora de socializar, es más, ni siquiera me gusta y sé que es algo que no puedo cambiar. Quizá me haga especial o quizá me torture eternamente, como se quiera ver. Nadie se ha parado y ha tenido los huevos de ver todo lo bueno que escondo, y quienes ven esa parte tan solo sabe acudir por interés. Nadie me ha abrazado cuando el frío me ha llenado hasta el alma, cuando ese frío ha acabado congelando todo lo cálido de mi ser, nadie ha querido quedarse en esa congelación, porque finalmente todos se han ido. Todas esas personas que admiraba, todos aquellos que eran mis mejores amigos, incluso mis mayores pilares, mis hermanos, todos, absolutamente todos se han ido. Por eso, tan solo creo que las cosas buenas duran hasta su fecha límite y que las personas aparecerán y se irán y no me puedo aferrar a ellas.
Quizás tanto dolor, tanta pérdida, haya quitado todas mis ganas de intentar encontrar a ese alguien que me haga bien, aunque , sinceramente, sé que no necesito depender de nadie porque hasta los mejores me van a dejar ir, sea por lo que sea. Pero, al ser humana, también siento y sé echar de menos. Tanto dolor y tanta pérdida han hecho de mí lo que soy hoy, con sus cambios y con la poca esencia que me queda de la Maite de antes, tan ingenua, tan risueña, tan feliz. Alomejor esa es la razón por la que la mitad de las cosas que siento no las comparto con nadie: mi insomio, mi soledad, mi dolor.
Y, aunque penséis que soy de piedra y que puedo con todo lo que me venga encima, soy tan frágil y tan humana como la más soñadora, pero la realidad me ha cambiado y, aunque parezca mentira, también necesito pruebas de que sigue habiendo cosas por las que merecen que luche un poco más y que me abra, que ese frío no siga extendiéndose, que salga ya ese rayo de sol.


