jueves, 28 de agosto de 2014

No te puedo decir que no te olvidaré porque no podré dejar de recordarte

“Tan solo 720 horas, 43.200 minutos, 2.592.000 segundos contigo y ya eres parte de mi vida. Tan sólo tengo que pedirte que no me olvides" 

De qué manera tan absurda nos puede acojonar un poco de distancia, cómo unos números nos pueden tener tan cogidos del cuello que aveces incluso sentimos que nos ahogamos en ellos. 
Nunca dejaré de defender que las mejores personas son las que más lejos se encuentran de nosotros, aunque realmente no sepa muy bien la razón. Quizá para que aprendamos a vivir sin conformarnos con aquellos que nos hacen sentir bien, o quizá porque son marcas temporales en nuestras vidas. 
Cada viaje va a ser único,cada campamento, colegio, cada etapa de nuestra vida vivida con x persona va a ser único, sin segundas partes. Y debemos de aprender a disfrutar de aquel ‘viaje' y no pensar tanto en todas sus consecuencias. Pronto caeremos en el olvido del otro, pronto todas esas promesas se desvanecerán dejando que el vacío nos apodere pero es verdad que nadie aparece sin una razón, nadie aparece dejando marca sin llevarse un poco de nosotros, una pequeña parte que sólo ellos guardarán eternamente en ellos, porque ya somos parte de ellos. Y ellos seguirán adquiriendo partes de otros, al igual que nosotros. Por eso no debemos de tener tanto miedo a ser olvidados, a que la distancia pueda con todos los buenos momentos, porque ya se han llevado esa parte, ya formamos parte de ellos. Y si, puede que no volvamos a encontrarnos paseando por nuestra calle favorita, o quizás jamás volvamos a saborear juntos el mismo perrito caliente, puede que ya nunca podamos volver a correr hacia el otro saludándonos con toda la alegría del mundo porque simplemente quizás nunca nos volvamos a ver, puede que nunca volvamos al Tim Hortons a pedirnos un Fench Vainila coffee con una cookie,puede que nunca volvamos a ir a nuestras tiendas favoritas, y quizás ya no podamos seguir creando miles de recuerdos juntas pero como tu misma dijiste, gran jefa, ya eres parte de mi y yo soy de ti. 
Somos conscientes de la cruda realidad, somos conscientes de lo que puede haber y lo que no y sobretodo, sabemos que todo va a cambiar tarde o temprano y que poco a poco nos iremos olvidándo pero sin dejar de recordar. 
Sólo me queda decirte que no te puedo decir que te olvidare porque nunca dejare de recordarte en ningún momento. ¿Por qué? Simplemente porque en cada paso que dé, cada vez que haga algo propio de mi, cada vez que de un consejo o cada vez que de un rt, inconscientemente, serás parte de mi porque eres tan yo que acojona, pero eso me encanta porque eso significa que aunque nos estemos olvidando nunca podremos parar de pensar en la otra. Y gracias a esto sabré que no estoy sola, que por fin alguien piensa exactamente igual que yo. Hay esperanza en la humanidad.

                            

frgttn

El olvido es inevitable. Es tan inevitable como él intentar no ser dañado por aquellos a los que queremos, es tan inevitable como sonreír al recordar buenos tiempos, el olvido es tan fácil y rápido que ni siquiera necesita años de cocción para que se produzca. El olvido es parte de nosotros y, desgraciadamente, olvidamos casi a diario llaves, cosas, fechas, cumpleaños, incluso personas. Pero es inevitable no olvidar, no olvidarnos. Todos quieren ser recordados de algún modo u otro, nadie quiere caer en el olvido y menos en el de aquellos a los que queremos.
¿Entonces qué? Entonces, surge la decepción. Nos decepcionan aquellos que un día juraron para siempres, nos decepcionan sus acciones, sus consecuencias, cuando en realidad solo nos estamos decepcionando nosotros a nosotros mismos. Porque también somos culpables de su olvido, de haber caído en el olvido de aquel con el que compartíamos tanto y necesitabamos tan poco para ser felices. Nos decepcionamos al ver cómo hemos fallado a personas alucinantes, nos decepcionamos al vernos fallando una vez más sin haber podido surcar la distancia.
Y caemos. Y entonces caemos en el olvido. Como si nada hubiese pasado.


viernes, 1 de agosto de 2014

Amnesia

¿Por qué queremos olvidar tan rápido? ¿Por qué arrancar de cuajo el dolor y no dejar que permanezca en nosotros? ¿Por qué quedarnos siempre con la parte buena y no querer vivir lo malo?
La parte mala de las cosas, el dolor, aquello que nos lastima, es aquello que nos hace más fuertes. El dolor nos cambia, porque con el dolor vemos las cosas. Con el dolor aprendemos a valorar aquello que un día echamos de más, con el dolor aprendemos a superar obstáculos y a superarnos.
Pero la mejor parte del dolor es que con ello vemos el valor de las cosas.
Si las despedidas nunca doliesen significan que no fueron tiempos memorables, significa que pudimos vivir mucho pero no lo hicimos intensamente. Las despedidas únicamente duelen cuando importaron y casi siempre van a importar, queramos o no.
Así que, ¿ por qué olvidar tan rápido cuando podemos seguir saboreando un poco más esos recuerdos tan buenos, aunque sea con el dolor como sabor de boca?
Es mejor vivir doliendo, que morir sin haber sentido.