Seguiré volviendo a casa con una sonrisa, pero siempre con ese sabor amargo que difícilmente creo que se llegue a quitar hasta el día en el que me deje de importar las personas. Seguiré volviendo del centro de tomar algo con unas buenas risas guardadas, con una tarde más añadida a mis recuerdos, con una taza de café más en mi cuerpo. Seguiré volviendo a casa y poniendo la misma canción. Seguiré volviendo en el mismo tren de siempre y editando las fotos de aquella tarde. Seguiré saliendo del metro y quizás siga lloviendo, o quizá la lluvia haya querido parar un momento por mí.
Es verdad eso de que hay personas que nos marcan de algún modo, que todos se llevan algo de nosotros y que nos dejan la mejor versión de ellos. Es cierto que los mejores momentos son los más breves, que las cosas sin planear salen mil veces mejor que las planeadas, que el olvido es inolvidable, que nada realmente bueno dura más de que lo debe, que lo malo no puede ser eterno, que el distanciarse no es algo que elegimos , que la mitad de los sucesos de esta vida no los escogemos nosotros, que por mucho que prometamos no olvidar, es inevitable, tan inevitable como romper promesas, tan inevitable como la fragilidad del tiempo.
Suena un poco cursi eso de que me falta la última estrella de Madrid, o muy postureo , pero aveces esas cosas tan cursis de twitter son verdades que la gente ha generalizado y desgastado tanto que parece que el resto de la gente con dos dedos de frente no lo podemos usar. Pero es verdad, es verdad que me falta siempre alguien después de ver a los de canadá, es verdad que cada vez que veo a pablo con sonia no puedo evitar no echarle de menos, es verdad que por mucho que me ría con todos ellos me falta gente con la que sé que reiría realmente, y es verdad que por muchos que vengan, por mucha ilusión que me haga que estén en mi ciudad, sé que no estoy del todo feliz porque me falta mi última estrella de la bandera. Y creedme que he pensando montones de veces que cómo puedo seguir echándolos de menos si ya ha pasado tanto tiempo, que ni siquiera ha sido un año vivido con ellos, que ojalá me dejasen de echar de menos para poder así no echarles tanto de menos , por qué no se van ya y me dejan odiar a la vida como siempre lo hago, por qué no cambian y ver que ya nada es igual para dejarles ir, para dejar ir esta melancolía. Entonces es cuando me piden que no les olvide, o me dicen que me quieren, que me echan de menos. Sin promesas, sin compromisos.
Supongo que es cuestión de acostumbrarse a ello, como todo en la vida, pero esto es como revivir 2º ESO , a finales de junio. Solo que esta vez más lejos.
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